domingo, 30 de agosto de 2015

Funambulista

Mi padre fue uno de los mejores funambulista del mundo. Cruzó desde el Gran Cañón del Colorado hasta uno de los edificios más altos de Chicago. En un show en Las Vegas conoció a mi madre, una bailarina Griega, que emigró de polizonte a Estados Unidos, en busca de una vida mejor. Fue un amor a primera vista, nunca lo entendí, mi padre siempre tuvo grandes problemas de vista.
El me enseño todo lo que se del alambre, nombre que le dabamos los funambulistas,a una cuerda de acero de cinco milimetros, fijada por los dos extremos, por un cáncamo de acero acerado. Mi padre siempre me recordaba, una y otra vez, la misma frase: “Hijo, nunca pierdas el equilibrio!”, eso me hacía recordar que me debía colocar en la posicion de 90º, abdomen recto y cabeza alta .
Los años fueron pasando y yo, fui mejorando la técnica. Pero el interés de la gente por este espectáculo fue proporcionalmente descendiendo como aumentaba los espectáculos con animales traídos desde los más lejanos parajes.

Un dia mi madre se fugó con un contorsionista de un circo Ruso, 20 años más joven que ella, mi padre creo que murio en vida. Un dia en un show, mi padre cayó al vacío, sinceramente creo que se dejó caer. Con la muerte de mi padre perdi la ilusion por el funambulismo, y como si de una maldición fuera, no consiga estar más de un minuto sobre el acero. La posicion era correcta, posicion de 90º, abdomen recto y cabeza alta. Pero nada, no conseguia estar mas de 1 min.
Viendo que no conseguía mejorar conseguí entrar a trabajar en el famoso Circo Catakrac, como ayudante del mejor domador de leones del mundo, el aclamado John Lion. Era tan valiente, que llegó a utilizar seis leones en uno de sus shows. Normalmente los domadores solo usaban tres o cuatro. Al finalizar este show, fue atacado por uno de los leones, desde entonces tiene una leve cojera de la pierna izquierda. Los viejos del circo cuentan la leyenda de que John fue en otra vida un leon llamado Mufasa, y dominaba toda la gran sabana Africana, a mi me suena a cuento, pero por lo visto desde que se cuenta esa historia, viene más gente al circo.
Mi trabajo consistía en alimentar los leones cada día, a la misma hora, la misma cantidad y de la misma forma. Yo era un chico bastante despierto, asique aprendi bastante rapido de este mundo.

Pasaron los meses, y la noticia de la guerra en el otro continente estalló. Siempre que podía, encendía la radio y me sentaba embobado a escuchar cada acontecimiento nuevo que sucedía. Casi podía dar de comer a los leones con los ojos cerrados, la radio me infiltró en un mundo de acción donde perdia la nocion del tiempo y del riesgo.
Un dia paso John por las jaulas, me miro a los ojos y me gritó:
 “Niño, nunca pierdas el equilibrio! o seras comida para leones”
Me quedé mudo, no sabia que decir. De repente como si de una película imaginaria, empezó a pasar por delante de mí, todos los recuerdos de mi padre, como si de una película muda se tratara. Ya una vez recuperado del shock empecé a preguntarme porque John me habia gritado tal frase. Seria casualidad o quizás no, pues tendría que preguntarle.

Corrí tan veloz como pude hacia la tienda de John y le explique, la razon de porque me habia sorprendido esa frase tan conocida para mi. Con la tranquilidad que le caracterizaba, me pidió que le sirviera un te y amablemente me pidió que me sentara. Por su expresión en su curtido rostro, supe, que lo que me iba a contar, supondria mucho para mi.
Los domadores no usamos el látigo para defenderse, tampoco para imponer a los leones, es un trozo de cuero cosido transversalmente en forma de puño, simplemente, el verdadero látigo esta en nuestro interior igual que los funambulistas, que nunca usan la barra para mantener el equilibrio, no te lo creas, incluso la posicion de los pies es simple teatro.. el equilibrio verdadero esta en nuestro interior, ese que por mucho que un huracán azote nuestra vida, nos mantiene erguidos y progresando en nuestro acero. Busca tu equilibrio… encontrarás el funambulista perdido que que hay dentro de ti.



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